¿Qué ocurre durante un tratamiento Craneosacral Biodinámico?

«Todo lo que nos pasa en la vida es percibido por el cuerpo a través del sistema nervioso, que lleva su información al cerebro. Eso incluye los traumas de cualquier tipo, las heridas físicas o emocionales, o bien pueden tener una naturaleza bioquímica. Todo lo que el cuerpo experimenta queda grabado en el tejido y puede causar bloqueos que se manifiestan como enfermedades, disfunciones o dificultades para sanar, puesto que la capacidad del organismo para regenerarse queda mermada y el cuerpo deja de funcionar de forma óptima. 

La terapia craneosacral refuerza el sistema nervioso autónomo, que consta de los sistemas: el simpático y el parasimpático. El cuerpo se cura y se regenera por sí mismo cuando el sistema parasimpático es dominante. Por ejemplo, cuando estamos muy relajados o dormidos. El sistema nervioso simpático, conocido como de “lucha o huida” se ve afectado por nuestro actual estilo de vida gobernado por el estrés. En el peor de los casos, esto puede conducir a una debilidad crónica del organismo.»

Fuente: iacst.ie

¿Qué sucede entonces durante una sesión de terapia de la TCS? ¿Cómo se aplica?

Empezamos con una breve conversación para entender en qué punto se encuentra la vida del paciente y cómo ayudarle. Esta charla preliminar puede ser más o menos larga, dependiendo de si el TCS será el tratamiento principal o bien un tratamiento complementario para otra terapia.

Durante la sesión, el paciente se tiende vestido y boca arriba. El terapeuta examina suavemente con el tacto diferentes partes del cuerpo y detecta con sus manos qué es lo que el organismo necesita. ¿Dónde hay bloqueos? ¿Qué partes del cuerpo están reclamando atención? ¿Cómo está el organismo hoy?

Cada sesión dura entre media hora y una hora, dependiendo de las necesidades de cada paciente.

Si la persona acaba de sufrir una lesión o sale de una operación reciente, el TCS supone un buen apoyo para el proceso de curación, aumentando el poder de autosanación del cuerpo. En tales casos, la parte del cuerpo afectada no se toca, a no ser que el organismo lo permita y el paciente lo reclame.

Una singularidad de este tratamiento es que no es el terapeuta quién decide lo que ha de suceder. Su misión es prestar atención a la persona y escuchar los estímulos del cuerpo, que le guían para actuar terapéuticamente.

Esta es una de las razones por las que decidí estudiar y dedicarme a esta terapia: disfruto enormemente ayudando a que la propia sabiduría del cuerpo tome la iniciativa, ejerciendo de guía para activar y reforzar el proceso curativo.

Un gran déficit que tenemos hoy en día es que nos hemos olvidado de lo que es tocar y ser tocado. Vivimos en una época de privación táctil y necesitamos recuperar la amabilidad y el reconocimiento hacia nuestro cuerpo. Con el tiempo, descubriremos los beneficios de hacernos amigos de nosotros mismos, de nuestro propio cuerpo en su bella imperfección.

Del TCS he aprendido algo más que a aplicar la terapia en sí: me he enriquecido con el conocimiento de que muchas veces la mejor ayuda que podemos ofrecer a alguien que se encuentra en problemas es preservar y ayudarle a preservar su espacio corporal, mental y emocional.

Todos tenemos derecho a desmoronarnos y a descubrir el lujo de ser como somos. Si no estamos bien, darnos permiso para no estar bien, aceptando en todo momento el mejor “yo” que somos capaces de ser.

Aquí es donde, de acuerdo a mis experiencias, el TCS puede ser de gran ayuda, convirtiéndose incluso en el punto de partida de una nueva vida, creando nuevos hábitos y liberándonos de los viejos patrones, a la vez que dejamos de de lado los viejos padecimientos.

La biodinámica nos lleva un paso más allá: trabaja con el concepto de “fluidos corporales” y “respiración primaria” o “aliento de vida”, que son parte vital de la TCS, que fue investigada, experimentada y desarrollada por el Dr. Sutherland.

Como el Dr. Cherionna Menzam escribe en su artículo El Aliento de Vida: Una introducción a la Terapia Craneosacral Biodinámica:

“El Dr. Sutherland percibió un proceso de transmutación en lo que él denominaba El Aliento de la Vida. Él vio este Aliento como una fuente misteriosa y poderosa más allá del cuerpo físico. Sintió a través de sus dedos que pensaban, tocaban, veían y sabían las fluctuaciones rítmicas sutiles de líquido en el cuerpo. Entendió que el líquido cefalorraquídeo (LCR) en los ventrículos del cerebro atesoraba la potencia o energía de la vida, del Aliento de fuerza vital que nos forma. El LCR lleva este potencial a cada tejido, a cada célula de nuestro cuerpo, despertando la vida y la salud “.

Así es como el Dr. Sutherland escribió sobre este proceso:

“Dentro de ese líquido cefalorraquídeo hay un elemento invisible al que me refiero como El Aliento de la Vida. Quiero que visualices este Aliento de Vida como un fluido dentro de este líquido, algo que no se mezcla y que tiene el poder de movilizar las fuerzas líquidas del organismo. ¿Necesitas saber qué hace mover los fluidos? Visualiza una potencia, una potencia inteligente, que es más inteligente que tu propia mentalidad de ser humano”.

El cuerpo de líquidos es el concepto para la totalidad de un ser humano, en los niveles físico, psíquico y espiritual. Funciona como una sola unidad, y el CST trabaja con esta totalidad desde el momento en el que las manos del terapeuta se colocan en el cuerpo del paciente.